No pienso insistir en lo solo que me siento, además la soledad es circunstancial, no es bueno para el cuerpo, ni mucho menos para el alma darle tanta importancia, mas vale estar solo pero sentirse acompañado. Quisiera decir que hoy es un buen día, claro que esa seria una mentira piadosa tan inútil como el hielo en un desierto, como hundir mis depresiones en un baso de agua y bebérmelo al instante, como bañarme en lodo caliente sin quitarme la ropa; últimamente las mentiras entupidas me producen cierta incomodidad, sobretodo porque no me di cuenta de lo mentiroso que soy hasta que el reflejo del espejo me sonrió con gloria y entre susurros silentes me confeso: “te he engañado otra vez.”
Así que después de varias semanas de ira ridícula y frustraciones sin sentido, después de que la pulpa de mi rabia se ha dormido en el fondo de mi sentir, he querido subir a la terraza de mi mundo, ya que hoy lo siento mió y por fortuna de él también me siento vulnerablemente humano; he aceptado la invitación de la curiosidad a pisar esa plataforma volada al viento y sentir la corriente poderosa de un aire tan frió como solo en esa altura lo pueda yo encontrar, me he preguntado como muchos de ustedes ya lo harán, acerca de la verdad del día siguiente o las mentiras que me diré cuando despierte en el ayer, me he cuestionado a la vez que me acerco con cuidado, sobre esos tantos y numerosos secretos que esconde este mundo, sin importarme cuantos han de ser ciertos y cuantos son solo una vil y cruda falsedad ¿donde? ¿Dónde estarán escondidos? ¿Dónde estarán recluidos? ¿Hacia que parte del horizonte debo mirar para toparme con ellos?
Y de nuevo, mientras contemplo este paraíso terrenal hecho un caos de ciudad construido por el hombre, me pregunto si en verdad hay seres que puedan volar en él, sin importar la clase, la escensia o el origen, me pregunto si los demonios también tenemos alas con las cuales podamos lanzarnos al vació sin la incertidumbre de un impacto, del dolor del choque, de las heridas que no sanaran, de las cicatrices convertidas en recuerdos de aquellos secretos que nunca develamos y que aparte de todo quisiéramos desechar de nuestras memorias.
Aquí, ahora, al borde del abismo, decidiendo entre el dar dos pasos adelante o mejor uno atrás, me pregunto si al saltar descubriré algo nuevo en el vació, me pregunto si en fin de cuentas vale la pena volverme a levantar después de tantos golpes y magulladuras, me cuestiono si la fe me alcanzara para hacer que de la nada un nuevo ángel se lance a mi auxilio y me salve; o si seguramente chocare y no abra nada que pueda evitarlo, si quizá una mortal se incline y llore por mi o una tierna y dulce diabla, de esas que nunca han existido, suba del inframundo y cure mis heridas con solo un pequeño y corto rose de su piel, quizá si tengo suerte se quede a mi lado o talvez no, pero se que antes de irse me resolverá la duda que tengo en este momento, mientras pienso y admiro este inmenso panorama, me dirá que tan cierto es eso de que “entre el cielo y la tierra no hay nada oculto”

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