miércoles, 3 de septiembre de 2008

Y al parecer ha terminado...

Que amargo se siente, no, no es lo amargo, es el vació, es la inercia, es ese vértigo temeroso que te invade el abdomen cuando algo se te va y sientes que será para siempre, cuando de repente en esos pequeños instantes en los que te dicen “adiós” descubres lo que estas perdiendo y quieres gritar, yo quería hacerlo, gritarte un “nooo” pedirte que no te fueras, que te quedaras aquí, a mi lado, que me dejaras mirarte con estos ojos profundos que no le muestro a nadie, que escondo en mi interior, estos ojos que un día te mataron y ahora quizá por venganza tu aniquilas. Y pregunto ¿es realmente cierto o todo esto es un montaje? ¿Te has ido realmente o me estas dando una lección? Ja, maldita sea, ¿Cómo saberlo? Si nos encargamos tan furtivamente de enmascararnos el uno al otro, de cubrirnos tras cortinas de humo, de ocultar la clase de personas que en verdad somos en el interior.

Te falto decirme “iluso” textualmente claro, OH cuanto quería que lo dijeras, cuanto quería que me lo susurraras en la cara, esa cara de imbecil que tenia en el momento, esa sonrisita como de aja, cha, cha, cha, y ¿Qué me dices de la actitud de cretino? Lo se, lo soy y ¿sabes? Una parte de mi le cree a tus palabras, solo que tu me hiciste dudar algo; te doy un consejo, si algún día tienes que volverle a decir a alguien que no sientes nada por él, que la voz no te tiemble, que la lengua no titubee a la hora de pronunciar las silabas necesarias, que tu garganta acumule toda la potencia que necesita para decir la frase con firmeza y rigidez, porque podrás decir mucho con la voz, mas aun así tu alma no miente, lo cierto es que aun me recuerdas, por ahí, en los atardeceres de marzo, en las caminatas de abril, no te niegues que lo haces, que saboreas muy de vez en cuando ese remordimiento acido de toronjil, esa fastidiosa frustración de pensar en lo que pudo ser y nunca será.

Te diré que lo que me hace pensar esto es la seguridad que tengo de saber que en este momento tienes el ratoncito en la mano y presionas con rencor el puto click para seguir leyendo, la seguridad que tengo de saber que me lees con tanta fidelidad para torturarte un poco mas, para buscar motivos inconclusos que ratifiquen un sentimiento agonizante o ser ese verdugo que por fin lo arranca de raíz. Y si, por si te interesa saberlo, si, me dolió, ¿mucho o poco? Yo diría que lo suficiente como para sentirme solo y estrellado como un huevo en el sartén, como para sentir que salte del filo del edificio sin el control en la mano y al caer choque contra el suelo. Ahora a los pocos metros lo veo, esperare prudentemente a que se me ajusten los huesos y se acomoden los músculos bajo la piel y en medio de los tendones, me levantare y aun con los ojos en el control y unas ganas enteras de recogerlo y llevármelo en el bolsillo, lo abandonare, con nostalgia, con ira, con coraje, lo abandonare a su suerte o a la mía en fin de cuentas, se quedara allí, inmóvil en el asfalto con los circuitos desajustados, esperando a que un alma curiosa lo vea y lo levante, lo tire a la basura o se lo lleve a su casa y lo repare…

Y mientras espero tirado en el suelo tu pasas no muy lejos, inclinas la cabeza y me miras con rabia de dolor “y al parecer ha terminado” te digo, tu respondes con una sonrisa hipócrita de victoria y frustración disimulada “no, esto hasta ahora esta empezando”

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